- PROMUEVE la unidad del pueblo evangélico en amor fraternal según Efesios 4:3.
- REPRESENTA a sus afiliados ante los poderes públicos.
- ACONSEJA en situaciones legales, contables, impositivos, éticos, laborales y notariales frente a las nuevas leyes.
- FACILITA ayuda social ante situaciones especiales que pudieran ocurrir en nuestro país o en el exterior.
- COMUNICA de todas las actividades y noticias a través de distintos medios de información.
- PARTICIPA con el pensamiento evangélico frente a las exigencias y solicitudes de la sociedad en temas de actualidad.
- ORGANIZA y AUSPICIA congresos, consultas y eventos especiales para capacitar al liderazgo cristiano en diferentes áreas, tales como, educacion Cristiana, capellania, accion social. También difundir un movimiento internacional unido de oración.
- APOYA de manera personal todo esfuerzo en pro de la evangelización nacional e internacional. Respalda, apoya y acompaña el llamado, la capacitación y el envío de misioneros al exterior como expresión de la gracia de Dios recibida.
- RECOMIENDA a las denominaciones, congregaciones locales y entidades las “Normas de ética cristiana”, un material de alto contenido ministerial trabajados por experimentados hombres de Dios de todo el Continente.
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En el trabajo por la unidad. Captamos que hoy:
- La misión y la unidad son inseparables y tienen más que nunca un definido rostro eclesial.
- Vivimos una tensión entre nuevas formas de fragmentación eclesial, al mismo tiempo que nuevos y sorprendentes acercamientos de unidad, los que atribuimos a la acción del Espíritu.
- Existe una crisis en la institucionalidad evangelica, más no crisis en la vocación por la unidad entre las iglesias.
- Existen también elocuentes señales de agotamiento u obsolescencia de los modelos históricos de organización denominacional. Este reconocimiento no implica la negación de las identidades, pero sí de la necesidad de transiciones en búsqueda de nuevas formas de trabajo cooperativo con objetivos específicos de misión.
- Las iglesias buscan reunirse y servir alrededor de diferentes foros o redes de significado. Las estructuras interdenominacionales formales e institucionalizadas no responden siempre a esas nuevas demandas. Urge, por ende, facilitar el acompañamiento a las iglesias sin necesariamente institucionalizar nuevas formas de organización.
- Las dinámicas de las relaciones eclesiales ocurren principalmente a nivel local, en marcos informales y alrededor de temas de común interés y no de adhesiones o lealtades institucionales.
- Los nuevos esfuerzos por la unidad deberían dar prioridad a lo local y construirse de manera comunitaria y flexible «de abajo hacia arriba». Lo regional e institucional tiene aún su lugar, pero deberían conformarse con más flexibilidad, como instancia facilitadora de encuentros, de coordinación de esfuerzos y de mutuo acompañamiento.
Observamos que la palabra interdenominacional, aparte de su rico y profundo significado bíblico, es malinterpretada en muchos lugares y momentos. Muchas iglesias desconocen la trayectoria histórica del cristianismo y sus innegables aportes a las iglesias y a la sociedad en general. Necesitamos, por lo tanto, renovar el significado de ese término, al mismo tiempo que buscar nuevas palabras que apunten hacia la misma vocación de unidad cristiana. Esa vocación no se reduce exclusivamente a una sola expresión verbal, y menos a un solo movimiento o institución histórica identificada con ella. |